miércoles, 28 de abril de 2010

Clara




Sé que trabaja en la oficina del correo. Yo trabajo en la panadería que está enfrente y lo veo siempre. Veo a todos los que están detrás del vidrio y sé que hay más oficinas al fondo. Entra a las 8, yo a las 6. A veces falta. No lo tome a mal, al contrario, lo digo valorando el hecho de que sabe darse ciertos permisos. Llega siempre menos 10, pasa por la panadería y cruza, le veo la espalda, casi siempre de ropa oscura y zapatillas. Siempre menos 10, debe vivir lejos. La gente puntual en general vive lejos por el riesgo de perder un tren. Yo también. Se viaja como animales. Una vez se ató los cordones justo enfrente de la vidriera de la panadería y me saludó, ¿se acuerda?



El primer día que vino a comprar facturas, usted miró un cuadro que había sobre la pared, lo miró mucho. El cuadro era un poco confuso pero dejaba adivinar una pareja tumbada en una cama, las sábanas desordenadas, los cuerpos exhaustos, aunque con dos realidades divididas desde la cintura de esos cuerpos. Por debajo se veían las marcas de haber estado unidos salvajemente, casi con violencia, pero de la cintura para arriba los rostros no se encontraban, los ojos estaban abismados, ausentes, como buscando una puerta. Usted lo miró mucho. Tanto que empezaron a mirarlo casi todos los que estaban en la cola y no sé cómo fue que alguien dijo algo que raramente no escuché, hasta que usted dijo: “El cuadro lo interroga a uno acerca del amor.” Y después me miró y me pidió una docena y yo le preguté cuáles y usted me dijo elija usted. Yo le preparé las mejores facturas, le envolví el paquete y justo al entregárselo se me resbaló y le rocé la mano. Le pedí disculpas y usted me preguntó de quién es el cuadro y yo le dije que mío, ¿se acuerda?



Después no vino más.



Yo empecé a observarlo detenidamente. Un día usted tiró un papel chiquito en el tacho de basura que quedó justo sobre un envoltorio de helado y después cruzó y yo lo fui a buscar. Era un boleto del Roca y confirmé mi pálpito, pero después lo dí vuelta y vi que tenía escrito algo, quizás con su letra: “nada más triste que ver el lado vacío de mi cama con tu cara dibujada en el aire” ¿Es poeta? Sepa que puse el boleto en mi billetera del lado de las palabras, me parecen hermosas.



Estuve pintando muchas veces su rostro sin poder lograrlo correctamente ¿tiene usted un lunar del lado derecho de su cara? El día que vino por las facturas me pareció que sí. No lo recuerdo y como siempre viene de la esquina derecha nunca puedo verle ese lado.



Le escribo todo esto en una carta porque no quisiera vivir la experiencia de una negativa en persona, pero me gustaría poder observar su rostro detenidamente un día de estos, en lo posible cuanto antes, sobre todo para tratar de comprender por qué es que necesito pintarlo. Si está dispuesto a tomar un café conmigo a la salida del trabajo, sepa que termino media hora más tarde que usted, y que si cruza la calle y me compra una medialuna de manteca sabré entender que acepta y que va a esperarme en el bar de la esquina sin necesidad de decir nada más.



Disculpe mi atrevimiento y mi cobardía, es la primera vez que me ocurre algo así, yo misma me he sorprendido de mis miedos, pero es que el silencio me ha parecido peor.


Atentamente, Clara.

7 comentarios:

  1. Que bello relato, que bella historia cotidiana de encuentros y desencuentros. Simples como la vida. Que incluye esa mágia del porvenir...de lo aún puede suceder. Que bello lo has escrito.
    Me encantó Karina.
    TE dejo un fuerte abrazo y un beso.

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  2. Vaya!
    Y es que a veces uno se sorprende haciendo esas cosas que nunca habría imaginado hacer. A veces uno vence sus miedos, y se atreve a cosas que nunca habría hecho, sobre todo cuando hay alguna inquietud en particular que no deja reposar la mente.
    El relato es cautivador. Atrapa la atención desde el inicio, y sorprende al final. Me gustó sobre todo la descripción del cuadro y el análisis del observador. Que bueno leerte.
    Saludos.

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  3. Desde un principio me ha parecido un relato de otros tiempos, quizás el estilo, quizás su pudor...

    Es lindo y nostálgicamente alegre. Tierno, romántico y triste.
    Contradictorio y solo.

    Clara, como esa canción que debes conocer. Quizás casualidad, quizás no. No lo sé.

    Lo que sé es que aquí también volveré.

    Un beso desde una aldea cualquiera.

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  4. No conocía esta página Karina, he devorado todos los textos y sólo puedo decir que reitero que eres una de las mejores escritoras que existen por estos lares. Eres completa amiga, un verdadero placer siempre pasear por tu mundo.
    Abrazo

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  5. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  6. Increíble , increíble , sos buenísima . Un placer leer tus textos ! Saludos desde Paraguay . Victoria Castellis :)

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